Por Sharon Jocelyn Chávez Estudillo
Resumen
La adquisición de la lectoescritura es un proceso que comienza antes de la enseñanza formal de leer y escribir. Este artículo aborda la madurez lectora y algunos de los prerrequisitos motores y cognitivos que participan en su desarrollo, como la lateralidad, la orientación espacial y temporal, la atención, la memoria, el procesamiento fonológico y el lenguaje. También retoma la idea de que el niño interpreta el mundo escrito desde sus primeras experiencias con textos, símbolos y materiales de su entorno, y describe cinco etapas que muestran cómo evoluciona la construcción de la escritura entre los 3 y los 7 años. Finalmente, se propone mirar la lectoescritura no solo como la adquisición de habilidades, sino como un proceso que también necesita motivación, disfrute, contacto con materiales impresos y oportunidades para desarrollar el lenguaje y la comprensión.
Palabras clave: lectoescritura, madurez lectora, desarrollo infantil, escritura emergente, procesamiento fonológico, aprendizaje
Dentro del proceso de adquisición de la lectoescritura existe el término “madurez lectora”, que se refiere al momento adecuado para comenzar la instrucción formal de la lectura y la escritura, así como a las habilidades o procesos que deben tenerse adquiridos para aprender a leer y escribir. Estos prerrequisitos fundamentales se componen del desarrollo de la motricidad, donde se estimulan habilidades de lateralidad, ritmo, orientación espacial y temporal. También durante este proceso se requieren procesos cognitivos como la atención, la memoria, el procesamiento fonológico, la velocidad de denominación, la capacidad de abstracción y el lenguaje (Mather, 2011).
La lectoescritura se define como un proceso de reconstrucción en el cual el sistema de marcas social y cultural se transforma en una propiedad colectiva y activa de cada generación. El niño no parte de cero, sino que interpreta el mundo letrado antes de dominar el código formal (Teberosky, 1979). Lo que nos quiere dar a entender esta autora es que, antes de aprender a escribir o leer formalmente, el infante ya interactuó con elementos de su propio entorno: estímulos visuales como marcas en los productos, comerciales, carteles, libros, etc., que lo llevaron a intentar interpretar y dar un significado a lo que observa. Por ello, este aprendizaje no requiere únicamente de la repetición o la memorización, sino de un proceso más complejo. Como lo retoman las autoras con el concepto de apropiación intelectual, el niño transforma lo que está observando para que encaje con lo que él ya entiende del mundo en ese momento. De esta manera, se detallan cinco etapas esenciales que atraviesan los niños entre los 3 y los 7 años de edad, proporcionándonos una visión diferente para entender cómo se da el aprendizaje en la infancia.

1. Etapa primitiva o indiferenciada (3 a 4 años)
- Dibujo y grafía: El niño no establece una diferencia clara entre dibujar, ilustrar y escribir.
- Trazos iniciales: Realiza garabatos, líneas onduladas de forma continua, bolitas o palitos sin relación directa con el sonido de las palabras.
- Interpretación: El significado de la palabra está estrechamente ligado al objeto o al dibujo; considera que el texto dice lo mismo que la imagen.
2. Etapa presilábica (4 a 5 años)
- Hipótesis de cantidad: El niño asume que para que una palabra pueda leerse necesita un número mínimo de caracteres, generalmente tres.
- Hipótesis de variedad: Cree que las letras deben ser diferentes entre sí. Si hay letras repetidas consecutivamente, sostiene que “ahí no dice nada”.
- Repertorio fijo: Tiende a emplear siempre las mismas letras que ya conoce, como las de su propio nombre, combinándolas en distintos órdenes para representar diferentes palabras.
3. Etapa silábica (5 años)
- Evolución del valor sonoro: El niño descubre que hay una relación directa entre las partes escritas y los fragmentos sonoros de la palabra.
- Una letra por sílaba: El menor le asigna el valor de una sola letra a cada sílaba hablada.
- Subetapas: Puede ser silábica inicial sin valor sonoro convencional, cuando escribe letras aleatorias para cada sílaba, o silábica con valor sonoro convencional, cuando usa la vocal o la consonante que realmente corresponde a esa sílaba. Por ejemplo, para escribir “casa” pone A A o C S.
4. Etapa silábico-alfabética (5 a 6 años)
- Periodo de transición: Coexisten dos hipótesis de forma simultánea. El niño oscila entre la lógica de asignar una sola letra por sílaba y la escritura completa de las partes de la palabra.
- Omisión sistemática: Comienza a escribir sílabas enteras de forma correcta, pero en la misma palabra puede abreviar otras sílabas omitiendo letras intermedias.
- Ejemplo común: Para escribir la palabra “pelota”, el menor podría producir grafías como PLTA o PEOTA.
5. Etapa alfabética (6 a 7 años)
- Correspondencia fonema-grafema completa: El niño comprende finalmente de forma sistemática que a cada sonido del habla le corresponde una letra o combinación fija en el papel.
- Escritura analítica: Es capaz de desglosar las palabras de forma exhaustiva y escribir todos sus elementos según lo que escucha de forma oral.
- Desafíos ortográficos: Aunque ya domina la estructura fonética básica, aún presentará faltas de ortografía, como confundir la “b” y la “v” o la “c”, “s” y “z”, y dificultades para espaciar las palabras correctamente, aspectos que se refinarán en años escolares posteriores.

Conociendo toda la teoría que hay detrás, también es importante reflexionar cómo queremos que los niños lleven este proceso. La adquisición de la lectura y la escritura suele percibirse como una etapa compleja, en la que se centra la atención en el aprendizaje de habilidades, que claro es fundamental, pero también debería ser una prioridad la motivación y el disfrute para los infantes. Como lo menciona Miranda López de Murillas (2009): “La lectoescritura es más que aprender a leer y escribir. Es aprender a disfrutar con las palabras y con las historias cuando otra persona las está leyendo, es aprender a amar los libros y todos los mundos que pueden ser abiertos a través de ellos”. De esta manera, se espera que la práctica inicie desde la lectoescritura emergente, donde se busca que los niños desarrollen su lenguaje, amplíen su vocabulario, se familiaricen con los materiales impresos, conozcan rasgos convencionales de la escritura y comprendan la importancia de la misma. De igual manera, se busca estimular su comprensión oral, utilizando estrategias para entender, recordar y comunicar, y desarrollando destrezas visuales, auditivas y motrices para llegar a la lectoescritura. Es importante recalcar que no hay un momento preciso en el cual se aprende a leer y a escribir, sino que es un proceso que va construyéndose en la medida en que cada niño logra el desarrollo cognitivo necesario (Camargo, 2016).
Bibliografía
Camargo, G. M. (2016). Aprendizaje de la lectoescritura. Guatemala.
Mather, N. y. (2011). Essentials of dyslexia assessment and intervention (Vol. 89).
Miranda López de Murillas, E. (2009). Lecto-escritura para todos. Educación y Diversidad.
Teberosky, E. F. (1979). Los sistemas de escritura en el desarrollo del niño. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.
Autora: Sharon Jocelyn Chávez Estudillo
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